Smiley
Jueves 19 de Marzo de 2...
Una voz femenina sale del fondo de los altavoces de mi casa. La atmósfera de mi salón cambia, puedes notar como la ciencia y las matemáticas se marchan por la ventana, para ser sustituida por los sentimientos. Es fantástico.
Me encanta conocer gente ¿Os lo he dicho alguna vez?, pues así es, me encanta. Podéis pensar que es irónico (también me encanta la ironía, pero es tema aparte), alguien que mata personas les encanta conocerlas. Claro que si ¿Por qué no?. En la ciudad tan vaciá donde vivo (lo cual me gusta) hace falta personas como yo, que se interesen por la gente, que las escuche, que les de consejo, que puedan sentir que en el fondo no están tan solos, que aun pueden seguir escuchando el silencio entre el ruido, que el tren de sus vidas aun le quedan unas cuantas estaciones.
Es curios pero es así, los suicidios en Noisy-City casi se ha triplicado en los últimos 10 años, demasiado extres creo yo.
Lo malo de esta gente es que esta demasiada atenta de cumplir sus responsabilidades, se podían buscar un hobby, o algo, pero no es así; se empellan en cumplir sus jornadas laborales de 10 horas por un puñado de papeles, sudando sangre, y dejándose la vista y la vida en una pantalla de ordenador; que pena me dan.
Por cierto, caso curioso el de la Chica Desorientada, por cierto se me olvido preguntarle su nombre. Ahora que me acuerdo la he salvado la vida, la he salvado de mi; mira que no llevar su pin. Menudo susto se ha pegado, casi se le saltan las lagrimas del susto, se ha puesto super-histérica. En cierta manera me gusta mucho, me gusta ver lo que indirectamente puedo hacer psicologicamnete (porque en el plano físico creo que es evidente).
-Oh mierda, Oh mierda- gimoteaba la Chica Desorientada- Se me debió caer en casa de Raziel.
-Menudo novio el tuyo, va a hacer que te maten- admito que a veces me paso un poco.
-Joder, joder, joder...- seguía gimoteando la Chica Desorientada.
-Tranquila- mi maniobra no pareció surtir efecto, ya que la Chica Desorientada seguía en sus trece de melancolía.
-Me va a matar, me va matar- no la iba a matar, quizá en otro momento, y quizá en otra situación, por descontado que no llevaba mi cuchillo.
-Tranquila- repetí, nada, como antes, ademas ya se le estaban hinchando los ojos.
-Me va a matar, me va a matar.
-Bueno, seguro que hay alguna solución. Seguro que alguien de por aquí tiene un pin de sobra ¿Verdad?- eso ultimo lo dije mirando a todas las personas del metro; lo que obtuve fue un silencio incomodo y ganas de matar a alguien (en este caso en sentido figurado).
La Chica Desorientada se llevo las manos a la cara para ocultar las recientes lagrimas que empezaban a florecerle de los ojos.
-Ya esta- la chica me miro, vio como ponía mi pin en su ropa.
-Pero...- la había dejado sin palabras.
No pasa nada, ademas yo me bajo dentro de una parada y mi casa no queda lejos.
La Chica Desorientada no supo que hacer en un principio; la gente de esta ciudad no esta acostumbrada a hacer favores, y que te haga uno tan grande una persona que acabas de conocer hace apenas una hora es casi un milagro, así soy yo, un milagro de Noisy-City.
-Gra, Gracias.
-Ya me debes dos- se lo hice constar, quien sabe si algún día iba a necesitar un favor.
-Pero ¿Y si te coge?- la pregunta casi me hizo soltar una carcajada, tuve que hinchar los carrillos y hacer que estaba pensando en el resultado de mis actos.
-Relajate- le dije- Se cuidar de mi mis...
El metro pego un frenazo brusco que hizo tambalear al personal, y que casi me hace caerme a mi de boca. Malditas ampliaciones de linea.
-Es Smiley- le susurre a la Chica Desorientada- Ha parado el tren para cazarme.
Tuve que añadir una sonrisa burlona para hacer notar que era broma y apaciguar a los ojos como platos que se le habían puesto a mi nueva amiga.
Una voz femenina sale del fondo de los altavoces de mi casa. La atmósfera de mi salón cambia, puedes notar como la ciencia y las matemáticas se marchan por la ventana, para ser sustituida por los sentimientos. Es fantástico.
Me encanta conocer gente ¿Os lo he dicho alguna vez?, pues así es, me encanta. Podéis pensar que es irónico (también me encanta la ironía, pero es tema aparte), alguien que mata personas les encanta conocerlas. Claro que si ¿Por qué no?. En la ciudad tan vaciá donde vivo (lo cual me gusta) hace falta personas como yo, que se interesen por la gente, que las escuche, que les de consejo, que puedan sentir que en el fondo no están tan solos, que aun pueden seguir escuchando el silencio entre el ruido, que el tren de sus vidas aun le quedan unas cuantas estaciones.
Es curios pero es así, los suicidios en Noisy-City casi se ha triplicado en los últimos 10 años, demasiado extres creo yo.
Lo malo de esta gente es que esta demasiada atenta de cumplir sus responsabilidades, se podían buscar un hobby, o algo, pero no es así; se empellan en cumplir sus jornadas laborales de 10 horas por un puñado de papeles, sudando sangre, y dejándose la vista y la vida en una pantalla de ordenador; que pena me dan.
Por cierto, caso curioso el de la Chica Desorientada, por cierto se me olvido preguntarle su nombre. Ahora que me acuerdo la he salvado la vida, la he salvado de mi; mira que no llevar su pin. Menudo susto se ha pegado, casi se le saltan las lagrimas del susto, se ha puesto super-histérica. En cierta manera me gusta mucho, me gusta ver lo que indirectamente puedo hacer psicologicamnete (porque en el plano físico creo que es evidente).
-Oh mierda, Oh mierda- gimoteaba la Chica Desorientada- Se me debió caer en casa de Raziel.
-Menudo novio el tuyo, va a hacer que te maten- admito que a veces me paso un poco.
-Joder, joder, joder...- seguía gimoteando la Chica Desorientada.
-Tranquila- mi maniobra no pareció surtir efecto, ya que la Chica Desorientada seguía en sus trece de melancolía.
-Me va a matar, me va matar- no la iba a matar, quizá en otro momento, y quizá en otra situación, por descontado que no llevaba mi cuchillo.
-Tranquila- repetí, nada, como antes, ademas ya se le estaban hinchando los ojos.
-Me va a matar, me va a matar.
-Bueno, seguro que hay alguna solución. Seguro que alguien de por aquí tiene un pin de sobra ¿Verdad?- eso ultimo lo dije mirando a todas las personas del metro; lo que obtuve fue un silencio incomodo y ganas de matar a alguien (en este caso en sentido figurado).
La Chica Desorientada se llevo las manos a la cara para ocultar las recientes lagrimas que empezaban a florecerle de los ojos.
-Ya esta- la chica me miro, vio como ponía mi pin en su ropa.
-Pero...- la había dejado sin palabras.
No pasa nada, ademas yo me bajo dentro de una parada y mi casa no queda lejos.
La Chica Desorientada no supo que hacer en un principio; la gente de esta ciudad no esta acostumbrada a hacer favores, y que te haga uno tan grande una persona que acabas de conocer hace apenas una hora es casi un milagro, así soy yo, un milagro de Noisy-City.
-Gra, Gracias.
-Ya me debes dos- se lo hice constar, quien sabe si algún día iba a necesitar un favor.
-Pero ¿Y si te coge?- la pregunta casi me hizo soltar una carcajada, tuve que hinchar los carrillos y hacer que estaba pensando en el resultado de mis actos.
-Relajate- le dije- Se cuidar de mi mis...
El metro pego un frenazo brusco que hizo tambalear al personal, y que casi me hace caerme a mi de boca. Malditas ampliaciones de linea.
-Es Smiley- le susurre a la Chica Desorientada- Ha parado el tren para cazarme.
Tuve que añadir una sonrisa burlona para hacer notar que era broma y apaciguar a los ojos como platos que se le habían puesto a mi nueva amiga.
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