Cristina:
Miercoles 18 de Marzo de 2...
- ¿Cuantos lleva ya?
- 258- contesto Cristina, ahora es cuando el le contestaría algo cínico, eso sería lo típico suyo
- ¿Y sabes lo mejor de ello?
- No, ¿qué?
- Que yo no soy uno de ellos- Raziel desvió los ojos de los de Cristina, dio media vuelta y se encamino por el pasillo, a mitad de este se giro- ¿y qué pasa con algo de una niña?
- Ah, si- hablar con el aunque solo fuese por un tema tan trivial hacía que ha Cristina le hirviese la sangre- me he encontrado una niña perdida en el metro, Jajajaj- ¿de qué se reía? se volvía tan estupida cuando hablaba con el- bueno y eso, dice que no sabe volver a su casa, y…eso
Daba igual ya, hacía tiempo que Raziel se había ido. El era así, si algo no le gustaba se iba, no daba explicaciones a nadie excepto si se las pedían, y nuca se daba tal caso. Era esta una de las muchas "facultades" que Cristina admiraba de el; desde su forma de pensar hasta su andar, y ya no es que le admirara, es que le amaba. El peor amor no es el no correspondido, si no el oculto, un amor oculto al resto, que te devora por dentro y sientes como uno a uno los días se hacen más angustiosos, se necesita estar con esa persona que ignora todo el cmulo de sentimientos y tu te tienes que conformar con solo contemplarla con mirada indiferente (aunque por dentro llena de significados) y todo tu ser pide un beso de ella, y eso es inaguantable. Cristina lo sabía muy bien, como sabía muy bien que el para ella era especial, no era otro amorcillo de primavera que en invierno ya ha muerto, no sabía si sería un amor eterno, solo sabía que era uno especial. El sonido de su móvil hizo que la lluvia de amargura cesara, era su padre.
- Hola papá- saludo con tristeza.
- Hola Cris, hija.
- ¿Qué tal estas?
- Fatal, de verdad…no puedo aun creérmelo, ¿seguro que son ellos?
- Si papá, tengo además aquí…los informes- era cierto, hacía apenas media hora que los había terminado.
- No lo entiendo, ¿Cómo?... ¿como pudieron salir sin los pins?
- No lo se papá, de todas formas- decidió no contarle lo de la prueba de tóxicos- de todas formas la culpa no es suya, es ese hijo de puta papá.
- Lo se, lo se…pero...ellos eran gente buena, gente que no cometería ese tipo de…yo- Cristina oía la voz entrecortada de su padre.
- Lo entiendo papá. Mira relájate un poco y luego por la tarde me paso por casa ¿Vale?
- Esta bien, gracias cariño.
- No es nada, anda hasta luego.
- Adiós.
- Adiós.
Era una verdadera pena lo del matrimonio Sin, y sobre todo si coincidía que la familia Sin eran amigos del padre de Cristina. El padre de Cristina trabajaba en el banco Gier, uno de los más importantes de Noisy-City. Al parecer les conocía desde hace un par de años. El señor Sin, de apenas una treintena de años, trabajaba en el departamento de contabilidad junto a su padre .Según intuya Cristina, por la actitud de su padre ante la muerte de los Sin, era de que los Sin habían echo buenas migas con su padre, y aunque su padre no era de lagrima fácil si que se notaba angustia en su voz por la muerte de la pareja. Ya eran las 2 de la tarde y el estomago de Cristina pedía rugiendo un poco de combustible ya que el nulo desayuno no había ayudado a mantenerlo. Entrego los informes forenses sin ninguna prueba (como siempre) al jefe de la investigación, el Señor Ruthless. La fama que el señor Ruthless tenía de buen inspector se iba desvaneciendo cadáver a cadáver, era ya el cuarto inspector que tenía el caso del “asesino de la sonrisa” y no había echo más que los otros 3. Pero eso a Cristina le daba igual, sabía que a ella no podrían quitarla el puesto, no había en todo Noisy-City mejor currículum como forense que el suyo, y eso le proporcionaría su ubicación fija en el caso, o al menos el pan durante toda su vida. Se dirigió al comedor de “The Built” y se sirvió un buen plato de entrecot, no sabía porque pero no le importaba cortar el filete poco hecho y que la sangre se filtrase al plato, paradójicamente la relajaba y se olvidaba de su monótono trabajo. Nunca comía en compañía, no la gustaba que hubiese gente alrededor suya hablando, riendo y todo eso que suelen hacer las personas en la mesa. Pero las cosas cambian.
- 258- contesto Cristina, ahora es cuando el le contestaría algo cínico, eso sería lo típico suyo
- ¿Y sabes lo mejor de ello?
- No, ¿qué?
- Que yo no soy uno de ellos- Raziel desvió los ojos de los de Cristina, dio media vuelta y se encamino por el pasillo, a mitad de este se giro- ¿y qué pasa con algo de una niña?
- Ah, si- hablar con el aunque solo fuese por un tema tan trivial hacía que ha Cristina le hirviese la sangre- me he encontrado una niña perdida en el metro, Jajajaj- ¿de qué se reía? se volvía tan estupida cuando hablaba con el- bueno y eso, dice que no sabe volver a su casa, y…eso
Daba igual ya, hacía tiempo que Raziel se había ido. El era así, si algo no le gustaba se iba, no daba explicaciones a nadie excepto si se las pedían, y nuca se daba tal caso. Era esta una de las muchas "facultades" que Cristina admiraba de el; desde su forma de pensar hasta su andar, y ya no es que le admirara, es que le amaba. El peor amor no es el no correspondido, si no el oculto, un amor oculto al resto, que te devora por dentro y sientes como uno a uno los días se hacen más angustiosos, se necesita estar con esa persona que ignora todo el cmulo de sentimientos y tu te tienes que conformar con solo contemplarla con mirada indiferente (aunque por dentro llena de significados) y todo tu ser pide un beso de ella, y eso es inaguantable. Cristina lo sabía muy bien, como sabía muy bien que el para ella era especial, no era otro amorcillo de primavera que en invierno ya ha muerto, no sabía si sería un amor eterno, solo sabía que era uno especial. El sonido de su móvil hizo que la lluvia de amargura cesara, era su padre.
- Hola papá- saludo con tristeza.
- Hola Cris, hija.
- ¿Qué tal estas?
- Fatal, de verdad…no puedo aun creérmelo, ¿seguro que son ellos?
- Si papá, tengo además aquí…los informes- era cierto, hacía apenas media hora que los había terminado.
- No lo entiendo, ¿Cómo?... ¿como pudieron salir sin los pins?
- No lo se papá, de todas formas- decidió no contarle lo de la prueba de tóxicos- de todas formas la culpa no es suya, es ese hijo de puta papá.
- Lo se, lo se…pero...ellos eran gente buena, gente que no cometería ese tipo de…yo- Cristina oía la voz entrecortada de su padre.
- Lo entiendo papá. Mira relájate un poco y luego por la tarde me paso por casa ¿Vale?
- Esta bien, gracias cariño.
- No es nada, anda hasta luego.
- Adiós.
- Adiós.
Era una verdadera pena lo del matrimonio Sin, y sobre todo si coincidía que la familia Sin eran amigos del padre de Cristina. El padre de Cristina trabajaba en el banco Gier, uno de los más importantes de Noisy-City. Al parecer les conocía desde hace un par de años. El señor Sin, de apenas una treintena de años, trabajaba en el departamento de contabilidad junto a su padre .Según intuya Cristina, por la actitud de su padre ante la muerte de los Sin, era de que los Sin habían echo buenas migas con su padre, y aunque su padre no era de lagrima fácil si que se notaba angustia en su voz por la muerte de la pareja. Ya eran las 2 de la tarde y el estomago de Cristina pedía rugiendo un poco de combustible ya que el nulo desayuno no había ayudado a mantenerlo. Entrego los informes forenses sin ninguna prueba (como siempre) al jefe de la investigación, el Señor Ruthless. La fama que el señor Ruthless tenía de buen inspector se iba desvaneciendo cadáver a cadáver, era ya el cuarto inspector que tenía el caso del “asesino de la sonrisa” y no había echo más que los otros 3. Pero eso a Cristina le daba igual, sabía que a ella no podrían quitarla el puesto, no había en todo Noisy-City mejor currículum como forense que el suyo, y eso le proporcionaría su ubicación fija en el caso, o al menos el pan durante toda su vida. Se dirigió al comedor de “The Built” y se sirvió un buen plato de entrecot, no sabía porque pero no le importaba cortar el filete poco hecho y que la sangre se filtrase al plato, paradójicamente la relajaba y se olvidaba de su monótono trabajo. Nunca comía en compañía, no la gustaba que hubiese gente alrededor suya hablando, riendo y todo eso que suelen hacer las personas en la mesa. Pero las cosas cambian.
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