Cristina:
Miercoles 18 de Marzo de 2...
Cristina respiro hondo, una mezcla de olores invadió sus pulmones, era la fragancia tan particular de Noisy-City, la odiaba. Odiaba todo lo relacionado con Noisy-Ciy, toda esa gente en avalancha, tanto trafico, prisas, estrés, ruido, contaminación, y sobre todo odiaba a Smiley. Para ella Smiley era aquel hijo de puta que la hacía levantarse a las 5 de la madrugada para que revisase algún cuerpo que ese cabrón dejaba a su paso, pero pese a su odio hacia el triunfaba su miedo y por ello en la solapa de sudadera era visible una carita sonriendo. El gran gusano de hierro paro ante ella y abrió su piel, ella entro en sus entrañas y tomo asiento.
-¿Por qué pondrán ventanas en el metro?, ¿si total no se ve nada?, bueno miento, se ve los túneles negros, pues eso, para ver eso mejor no ver nada- los pensamientos de Cristina fueron cortados por una voz lamentable que surgía del final de vagón.
- Denme un poco de dinero- simplemente era un simple junkie, pidiendo algo de dinero para saciar sus necesidades, algo muy típico de Noisy-City, y que por supuesto Cristina odiaba.
El escuálido hombre se acercaba, y con ello sus suplicas se intensificaba, sus pies estaban apenas protegidos por una telas que algún día fueron unas zapatillas de andar por casa, sus vestimenta solo hacía la función de tapar al hombre, lo cual no era difícil ya que la ausencia de comida junto con los terribles efectos de la heroína habían disminuido su masa corporal para quedar reducida a unas pocas pieles que se pegaban a los huesos y que dejaban ver a un cadáver aun con vida.
-…dinero por favor- repetía sin cesar, ya solo distaba de Cristina unos metros, ella ya estaba preparada para bajar la vista al suelo y hacerse la distraída.
- ¿Cuanto necesita?- el hombre del asiento de en frente de Cristina pregunto cuando el fantasma llego donde estaba.
- Por favor, solo unas monedas, mi familia pasa…
- Si ya, pasa hambre y seguro que además tú tienes muchos hijos, por supuesto para rematar la faena tú tienes Sida- la mente del el que una vez fue humano se perdió en las primeras palabras del desconocido
- Un podo de…
- Si, si, dinero- el hombre se levanto y se metió la mano en el bolsillo del pantalón de su traje, extrajo varios billetes- tome, espero que lo invierta bien.
El junkie lo miro con lo más parecido al asombro que su rostro podía mostrar y se fue arrastrando los pies hacía otro vagón
- ¿Es usted idiota o qué? ¿Acaso no ve que ese tío se lo piensa gastar en droga?- Cristina era una de las personas más tolerantes de Noisy-City, pero esto para ella rozaba el techo que separaba su calma.
- Vamos, vamos, tranquilizase joven- ¿Joven?, el hombre no podía tener muchos más años que Cristina- Me parece que ambos odiamos igual a este...gente.
- ¿Entonces?
- Es mi manera de erradicar la enfermedad. Mírelo de esta manera joven, con el dinero que le acabo de dar nuestro pequeño amigo lo invertirá, como bien dice usted, en droga- la incredulidad de Cristina iba en aumento, ¿quien se creía que era?- Le he dado suficiente dinero para que se compre una muy buena dosis, con algo de suerte se meterá todo de una tacada- el hombre sonrió con saña- no creo que dure mucho más de esta noche.
Un relámpago atravesó a Cristina. ¿Era por qué lo que decía aquel hombre era verdad? ¿Era por qué de cierta manera acababa de presenciar un asesinato? Todo formaba dudas que se transformaban en ataduras y la ahogaban. Bajo del metro y se encamino por el laberinto que formaban los andenes en busca del trasbordo. La mente al borde del colapso una vez llegado al lugar deseado, ¿qué la pasaba?, era como si todo encajase…y encontraba el sentido de todo…pero espera…el sentido es que nada tenia sentido. Cristina se tambaleo, ¿por qué vivir?, ¿por qué? El sonido del metro ya inundaba la galería. “Salta y olvida el tormento…salta en 5, 4, 3, 2,1….”
- Perdone- la voz del ángel que venia a salvar a Cristina provenía de algo a la altura de sus rodillas, una niña, ¿eso era todo?, al menos lo suficiente para que la tormenta de pensamientos volviera a su cauce y Cristina recuperase el pulso- Esto… ¿me puede ayudar?
El metro llego, todo seguía en calma.
-¿Por qué pondrán ventanas en el metro?, ¿si total no se ve nada?, bueno miento, se ve los túneles negros, pues eso, para ver eso mejor no ver nada- los pensamientos de Cristina fueron cortados por una voz lamentable que surgía del final de vagón.
- Denme un poco de dinero- simplemente era un simple junkie, pidiendo algo de dinero para saciar sus necesidades, algo muy típico de Noisy-City, y que por supuesto Cristina odiaba.
El escuálido hombre se acercaba, y con ello sus suplicas se intensificaba, sus pies estaban apenas protegidos por una telas que algún día fueron unas zapatillas de andar por casa, sus vestimenta solo hacía la función de tapar al hombre, lo cual no era difícil ya que la ausencia de comida junto con los terribles efectos de la heroína habían disminuido su masa corporal para quedar reducida a unas pocas pieles que se pegaban a los huesos y que dejaban ver a un cadáver aun con vida.
-…dinero por favor- repetía sin cesar, ya solo distaba de Cristina unos metros, ella ya estaba preparada para bajar la vista al suelo y hacerse la distraída.
- ¿Cuanto necesita?- el hombre del asiento de en frente de Cristina pregunto cuando el fantasma llego donde estaba.
- Por favor, solo unas monedas, mi familia pasa…
- Si ya, pasa hambre y seguro que además tú tienes muchos hijos, por supuesto para rematar la faena tú tienes Sida- la mente del el que una vez fue humano se perdió en las primeras palabras del desconocido
- Un podo de…
- Si, si, dinero- el hombre se levanto y se metió la mano en el bolsillo del pantalón de su traje, extrajo varios billetes- tome, espero que lo invierta bien.
El junkie lo miro con lo más parecido al asombro que su rostro podía mostrar y se fue arrastrando los pies hacía otro vagón
- ¿Es usted idiota o qué? ¿Acaso no ve que ese tío se lo piensa gastar en droga?- Cristina era una de las personas más tolerantes de Noisy-City, pero esto para ella rozaba el techo que separaba su calma.
- Vamos, vamos, tranquilizase joven- ¿Joven?, el hombre no podía tener muchos más años que Cristina- Me parece que ambos odiamos igual a este...gente.
- ¿Entonces?
- Es mi manera de erradicar la enfermedad. Mírelo de esta manera joven, con el dinero que le acabo de dar nuestro pequeño amigo lo invertirá, como bien dice usted, en droga- la incredulidad de Cristina iba en aumento, ¿quien se creía que era?- Le he dado suficiente dinero para que se compre una muy buena dosis, con algo de suerte se meterá todo de una tacada- el hombre sonrió con saña- no creo que dure mucho más de esta noche.
Un relámpago atravesó a Cristina. ¿Era por qué lo que decía aquel hombre era verdad? ¿Era por qué de cierta manera acababa de presenciar un asesinato? Todo formaba dudas que se transformaban en ataduras y la ahogaban. Bajo del metro y se encamino por el laberinto que formaban los andenes en busca del trasbordo. La mente al borde del colapso una vez llegado al lugar deseado, ¿qué la pasaba?, era como si todo encajase…y encontraba el sentido de todo…pero espera…el sentido es que nada tenia sentido. Cristina se tambaleo, ¿por qué vivir?, ¿por qué? El sonido del metro ya inundaba la galería. “Salta y olvida el tormento…salta en 5, 4, 3, 2,1….”
- Perdone- la voz del ángel que venia a salvar a Cristina provenía de algo a la altura de sus rodillas, una niña, ¿eso era todo?, al menos lo suficiente para que la tormenta de pensamientos volviera a su cauce y Cristina recuperase el pulso- Esto… ¿me puede ayudar?
El metro llego, todo seguía en calma.
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